Opción por la autonomía

Fundado en 1990 el establecimiento forma a niñas con necesidades educativas especiales. Fomentar la independencia y potenciar las habilidades específicas de las alumnas son la base de este proyecto. Dos familias que confiaron la enseñanza de sus hijas a esta institución narran sus experiencias.

Fuente: Revista Mujer || La Tercera

“Estamos convencidos de que éste era su camino”

”Por qué te gusta ser presidenta del centro de alumnas?, le pregunta su mamá a Margarita Castro Lafrentz. “Porque me gusta ayudar a las personas”, responde sin vacilar y luego detalla otras de las tantas actividades que desarrolla en el colegio El Golf, donde estudia desde los 6 años: “Organizo los almuerzos, voy al coro, al taller de teatro, soy la tesorera de mi curso y de otro curso más”, enumera entusiasmada.

Margarita (18) tiene disfasia, está en 4º medio, es una de las estudiantes más antiguas del establecimiento y su madre, Margarita Lafrentz, está segura de que su versatilidad se vincula con la educación recibida en el colegio, especialmente en los últimos cuatro años, un período en que se fomentó la autonomía de las niñas y se potenciaron sus habilidades.

“Se les transmitió la idea de que eran capaces de salir adelante, y de que podían enfrentar sus responsabilidades. Lograron que las niñitas pensaran: ‘Tal vez me voy a caer o equivocar, pero eso es parte del aprendizaje’. Margarita me lo repite siempre: ‘Mamá, no importa. Equivocarme me ayudará a mejorar’”, explica y destaca el espíritu de todas las profesoras y de Macarena Ovalle, la directora.

“Hay una vocación absoluta; no son personas que están ahí por azar. Se percibe que existe un trabajo en equipo y que quieren sacar adelante este proyecto”, comenta Margarita, quien también integra el directorio del colegio.

¿Por qué ella y su marido, Jaime Castro, eligieron esta comunidad educativa? “Ella es una niña muy alegre y sociable. No queríamos dañarle esa parte estresándola. Entendimos que era mejor optar por un lugar donde se sintiera cómoda, feliz, sin sobrexigencias. Y valió la pena jugársela, porque no perdió toda esa maravilla emocional que siempre tuvo. Estamos convencidos de que el colegio El Golf era su camino, y nuestra convicción fue mayor cuando se reestructuró y se diseñó un proyecto educativo claro”.

Los logros de Margarita no sólo están a la vista en sus responsabilidades como líder estudiantil. Junto a Chocolate, el caballo que le regaló su papá, ha ganado varios premios, y es tanta su inclinación por los equinos que una vez que egrese quiere convertirse en profesora de equitación.

–¿Qué te gusta de tu colegio, Margarita?

–Tengo amigas, mis profesoras me caen bien, me gusta que ellas me pidan ayuda, llevarles sus cosas a las otras salas y decirles a mis compañeras que ordenen… Es la segunda vez que soy presidenta del centro de alumnas.

 

“Se ha convertido en una niñita independiente”

“Un día un cuñado que conocía el colegio El Golf nos dijo: ‘Vayan. Las niñitas se ven contentas. Yo creo que está hecho para la María José’”, cuenta María José Baeza. Hasta ese instante ella y su marido, Luis Osvaldo del Río, estaban desorientados. Tras varios años de indagaciones médicas, de evaluaciones erradas y de experiencias educativas fallidas acababan de enterarse del diagnóstico exacto de su hija: retraso mental moderado alto. Había que buscar una comunidad escolar para ella y el dato de su familiar parecía preciso.

“Nosotros somos bien católicos y en ese minuto nos acurrucamos en el hombro de Dios. Sentí que Él nos dijo: ‘Ya llegaste. Ahora yo te voy a proteger’. Y la verdad es que a la María José le cambió la vida, porque hasta ese momento su autoestima estaba por el suelo… Ella creía que no era capaz de nada. Tú le pedías: ‘Jose, sírveme un jugo’, y respondía: ‘No puedo, no sé, no sirvo, soy tonta’. Tú le insistías: ‘Sí, puedes’, pero ella estaba segura de que no”, narra su mamá.

Luis Osvaldo del Río resume la experiencia de la familia. “Cuando la matriculamos en los otros colegios (con sistema de integración) estábamos convencidos de que eso era lo mejor. Si miro para atrás me doy cuenta de que no estaba buscando tanto la felicidad y la tranquilidad de ella sino la de nosotros. Cuando entró al colegio El Golf entendí que la Jose estaba siendo feliz; me costó asumirlo, pero eso me dio una lección como papá. Hoy ella se ve contenta”.

–¿Cómo advirtieron que se sentía feliz?

–Porque quería ir al colegio– dice su papá sin dudarlo–. Antes no le gustaba ir.

“Ella siente que es parte de. Se levanta contenta, su carácter mejoró y su rabia fue aminorando. Comenzó a convidar niñitas a la casa”, ejemplifica María José Baeza.

–¿Qué otras cosas fue aprendiendo aparte de mejorar su autoestima y su sociabilidad.

–A leer, abotonarse, desabotonarse, vestirse sola… De ser una niñita dependiente se ha convertido en alguien independiente. Por ejemplo, enciende el televisor y el computador. También ha ido perdiendo algunos miedos; le tenía pavor a los títeres, a la oscuridad del cine, al ruido de los animales. Le sigue temiendo a muchas cosas, pero ya no llora descontrolada, sino que te dice: “Mamá, me quiero ir”.

Su marido aporta otros matices: “Tiene su MP4, se encierra a bailar, hace sketches. Requiere bastante atención, pero en varios aspectos es muy autónoma, y eso ha sido gracias al colegio. Hoy está feliz. Uno la ve y piensa: ‘Eso es lo que debiéramos haber hecho desde el principio’”.

El estímulo permanente hacia las alumnas es otro de los atributos que destacan. “Hay muchas anotaciones y premios, incluso les reconocen si van bonitas. En definitiva, es un colegio que aporta en todo, desde lo académico, lo espiritual y lo relacionado con las virtudes”, admite la mamá.

–¿Cómo te sientes en el colegio, María José?

–Bien, tengo hartas compañeras… juego en los resbalines, comparto la colación, hago tareas, estudio, escucho música, hacemos baile entretenido los viernes, bailamos reggaeton, Américo y La Noche.